La declaración (*) es curiosa. Antes nadie había admitido que Fidel mandara
más que el Partido. Por el contrario, con frecuencia un Fidel tímido, entornando
los ojos modestamente, había asegurado que él sólo era uno más dentro de la
estructura democrática de un partido que decidía colegiadamente.
No obstante, se sospechaba que mentía. Parece que, a lo largo de casi medio
siglo de gobierno, todas las decisiones importantes, desde convertir Cuba en un
satélite de la URSS e instalar misiles nucleares en la Isla hasta pelear durante
15 años en guerras africanas o fusilar al general más popular, Arnaldo Ochoa,
habían sido tomadas por el Máximo Líder sin consultar a una organización
obsecuente que se limitaba a aplaudir y asentir bovinamente los deseos y
caprichos del Comandante.
¿A qué viene esta declaración? Raúl, seguramente obligado por su hermano,
ha pronosticado que el Partido heredará la autoridad de Fidel Castro por cuatro
razones:
1) Para aclarar que él no puede calzarse las botas de su hermano. No es un
líder carismático, sino un viejo de 75 años, amante de las peleas de gallo y de
los chistes vulgares, con el hígado cocinado por el güisqui.

2)
Para desmentir la hipótesis de que, junto al general Julio Casas Regueiro, más
su yerno, el teniente coronel Luis Alberto Ramírez, y la complicidad del general
Colomé Ibarra, ministro del Interior, a los que se agregaban otros militares a
cargo de múltiples actividades económicas, pensaba crear una oligarquía
castrense, medio mafiosa, a la manera rusa, que juntara el poder de las armas y
del dinero para beneficio propio.
3) Para restar protagonismo a la Asamblea Nacional del Poder Popular,
institución conocida en Cuba como "los niños cantores de La Habana", un afinado
Parlamento que suele corear consignas dos veces al año bajo la batuta de Ricardo
Alarcón, un político que también soñaba convertirse en el heredero de Fidel tras
su esperado deceso.
4) Porque hasta la cúpula del poder llegan los comentarios críticos de
muchas personas, supuestamente revolucionarias, convencidas de que en el
entierro de Fidel, finalmente, comenzaría la esperada transición hacia la
democracia y el mercado.
Curiosamente, los demócratas de la oposición coinciden en que es más
probable y fácil esa transición si el poder lo ocupa el Partido y no el
Ejército. Aunque sin alharaca, en el Partido Comunista siempre ha habido
tendencias y sectores reformistas, hasta ahora invariablemente aplastados por
Fidel Castro. Muerto Castro, esas fuerzas podrían pactar el cambio con la
oposición. Al fin y al cabo, algo de esto fue lo que sucedió en casi toda Europa
del Este. En Cuba no tiene por qué ser diferente.
(*) "Repito lo que he afirmado en muchas ocasiones: el
Comandante en Jefe de la Revolución Cubana es uno solo, y únicamente el Partido
Comunista, como institución que agrupa a la vanguardia revolucionaria y garantía
segura de la unidad de los cubanos en todos los tiempos, puede ser el digno
heredero de la confianza depositada por el pueblo en su líder. Para eso
trabajamos, y así será, lo demás es pura especulación, por no decir otra
palabra".
"
Al igual que hemos vencido en todas las batallas, tanto en
Cuba como en cumplimiento del deber internacionalista, venceremos al enemigo que
intente agazaparse en nuestras filas, consolidaremos cada vez más la Revolución
y nos haremos más fuertes en todos los frentes".